martes, enero 03, 2006

Tener fun

Cada parte del día que gasta y desperdicia en horas al divino botón metido en ese espacio áspero y hostil, son horas irrecuperables para el narrador. Un salón dónde se escuchan opinantes de panza llena, corazón contento, celular, cero Km. y aire acondicionado split, hablar sobre otra realidad, otra vida, otro mundo. Ellos, los opinantes, no hacen más que constatar la patética certidumbre del narrador de cohabitar por ese montón de horas el lugar equivocado. Un sitio donde tiene la extraña sensación de formar parte de la Murga de los Renegados, una murga tan particular que él sólo integra. El narrador se pierde, algo que y por cierto, muy fácilmente consigue. Se extravía entre sus divagues y feroces cuestionamientos internos, esos que le indican que la realidad, la vida y el mundo no es eso y sólo eso, la que manyan los opinantes panzas llenas. Que existe un mundo que se disimula, se tapa, no se mira o lo que es peor, no se quiere ver.

Hay algo que perturba al narrador y termina por descompaginarlo: muchos de los que la ven pasar y ni siquiera con migas se alzan, construyen sus costumbres copinado estilos, gestos y expresiones a la manera y observando al detalle a los panzas llenas. ¿Cuántos libros por mes obtendrían los que la ven pasar con el dinero que invierten en un teléfono celular? El narrador lo intuye: el aparatito del campeonato incluye a los relegados y les concede pertenencia en un universo que los escupe de manera tan fría y veloz, como el mensaje de texto que se esmeran en hacer viajar. Los iguala con ese pibe que todos los días la tele les restregar por sus narices. Ese, el pibe de la publicidad que mientras habla con la potrita más lustrosa del barrio, se peina y se vaporiza con Axe. Un libro no tiene el fun del aparatito del campeonato, ni le hará conseguir chicas. No de la forma que intenta hacerle creer la publicidad de la tele.

Cada noche, después de desperdiciar un montón de horas al divino botón y llegado a su posición hogareña, el narrador se pregunta si no vivirá dentro de un termo y todos estos divagues no forman parte de su hipercrítica mirada social, según le han dicho.

2 Comments:

Anonymous aydesa Opina...

No. Siga en el termo. Valore lo único ponderable del aparatito: la tecla que dice IGNORAR. Que gran invento...
Después tire un canapé adrede a la alfombra, levántelo y cómalo.
Regocijo sobre las expresiones circundantes.
Si nadie lo vió, repita la operatoria.
Todo lo posible por cambiar de contexto.

6:56 p. m.  
Blogger aydesa Opina...

En realidad lo venía siguiendo de lo de Piro y tarde me avivé de su blog. Tarde como todo.
Siga escribiendo que yo lo visito. Y gracias nuevamente...

9:24 p. m.  

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