martes, enero 10, 2006

Norte

En el rectángulo de Peña al dos mil novecientos el infierno está encantador. Ajustando a su gusto la Ley de Lavoisier, allí nada se pierde, todo se transforma en líquido. Aún con el sol a medio asomar por sobre la terraza de la casita de enfrente, en la petitera esquina del Pasaje Bollini; el ambiente se torna un tanto más que tibio. Agobiante, para ser más exacto.

De pie. Ha llegado.
El bailarín estaciona su modelo dos mil seis sobre Peña, toma su maletín, desciende y mientras cruza la calle, se vuelve. Gira y apunta el control remoto para confirmar haber cerrado bien las puertas. Ya está. Ya lo tengo aquí.

Sin saludar, en ayunas y con el Marlboro colgado eternamente de sus labios, ingresa al rectángulo.
-Andá a pagar Ingresos Brutos y el Monotributo. Al Pago Fácil ¿Cuánto es? Y volvé rápido.
Así, de sopetón, todo junto. Sin mediar el mínimo gesto amistoso. La ansiedad le mastica la cabeza y la avaricia le anuda el bolsillo.

Trazo mi recorrido y acciones: Enfilaré por Peña hasta Agüero, formaré la cola para abonar y presuroso, deberé de pegar la vuelta. De cualquier modo, toda opción es mejor que permanecer en el rectángulo; tanto más ahora con la temperatura excediendo la sensación térmica oficial de TN y además, el humo del tabaco. Insalubridad manifiesta.

La Recoleta te mata. Por algo está plantado allí tan ilustre cementerio.
A rodar la calle. Peña, Agüero y de repente y por la vereda de la sombra de Pacheco de Melo, me dejo llevar a paso muy calmo y en línea recta, hasta dar con la avenida Pueyrredón. Antes de cruzar la plaza, llegué a observar el vapor que envolvía y humedecía los bancos y las hamacas.
Tiré la diagonal conveniente para alcanzar la avenida Las Heras. Dar con ella y cruzar para caer justo enfrente del edificio de la antigua Facultad de Ingeniería.

Ya de vuelta en el rectángulo, entregué al bailarín los comprobantes de los pagos. Sus pagos. Buen provecho y a su salud.
Es inevitable, la incontinencia verbal lo desborda.
-¿Por qué tardaste tanto? ¿Pagaste todo? ¿El vuelto? ¿Aumentó? ¿Había mucha gente?
No respondí, ya no respondo. Pólvora en chimango.

Entrar en la librería Norte fue permanecer y flotar un ratito en el paraíso o lo que por él consigue imaginar un tonto como yo.

2 Comments:

Anonymous aydesa Opina...

ya está, como quiere que me ponga ahora con el html y esas pavadas?
mude los huesos ya.
esto que dice, no da.

3:00 p. m.  
Anonymous silvia Opina...

el bailarín sos vos

11:43 p. m.  

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