sábado, enero 21, 2006

El asadito

Tal vez la desesperanza se instaló en mí, tal vez me descubra encolumnado en las filas de los quejosos e insatisfechos recurrentes; quizás mi tendenciosa y manifiesta repugnancia por ciertos gobernantes, me impidan advertir la seducción y fascinación de corresponder con marcada elocuencia a convivir incluido en semejante estadio de prosperidad y bonanza, a echarme en brazos del disfrute que concede la plenitud y esplendor de habitar un país con crecimiento macroeconómico medido en índices chinos. En síntesis: dejar transcurrir la vida tan suave e imperceptible y terminar de una buena vez y para siempre, de recriminarme y reprocharme que no, que no existen ningún motivo que justifique mi obstinado descontento. Dados por ciertos cada uno de los puntos arriba citados, se manifiesta como tarea harto peliaguda intentar imaginar que estos individuos son los que se adjudican el derecho de defender los derechos de quienes dicen defender.

Página/12.com

0 Comments:

Publicar un comentario

links to this post:

Crear un vínculo

<< Inicio