domingo, diciembre 25, 2005

Porcelana China

A Don Enrique Marí, quien nos ha dejado hace ya más de cuatro años.

II- Porcelana China

Noviembre del ’80 se arrastraba aburrido cuando la Reina Madre del Reino Total ya había tomado la decisión. No era una decisión cualquiera. Había resuelto descabezar a toda la cúpula política del Reino Total. La decisión afectaría a los habitantes de los dos Reinos: El Reino del Segundo Piso y El Reino del Tercer Piso. Tal vez preparándose para los tiempos que el país viviría o sencillamente, por cuestiones más naturales y sensibles, pero no por ello, menos conflictivas: asuntos del corazón.
Y de la toma de la decisión pasó a la acción. En personas de carácter firme o simplemente, despechadas como parecía ser el caso de la Reina Madre del Reino Total, es una regla casi calcada la secuencia que se acaba de describir.

Fue un viernes por la tarde y el escenario, la sala de reuniones del Reino del Tercer Piso, a la sazón, el territorio para las reuniones del Reino Total. Un sitio austero, sobrio y elegante, anche de innegable tendencia a las opacidades. La opacidad típica de esa clase de lugares. Carente de swing y de onda, para ponerlo en términos actuales. De una de sus paredes colgaban dos o tres cuadros -no recuerda el narrador con precisión cuántos- de Benito Quinquela Martín. Una mesa oval, una vitrina y jarrones de fina porcelana china, completaban el mobiliario y el ornato del despacho de las decisiones más fieras. Un recinto carente de porosidades, desprovisto adrede del ramaje y del tramado de capilaridades orales centrífugas y privado de cualquier intento del fenómeno de incontinencia verbal osmótica, sea pasiva, sea activa. Lo que allí se hablaba, de allí no salía. Pero siempre existe una pared con oídos y hace que todo secreto -hasta el más encriptado- quede librado a su pura suerte, nomás. Y la verdad, se supo. Prueba más que fehaciente que el defecto cero es un invento de los gurúes dogmáticos del más recalcitrante liberalismo del empresariado gerencial. En síntesis: El teatro de operaciones ideal, exacto y estricto para la toma de decisiones. De las más bravas y peliagudas que debían de tomar los capangas del Reino Total.

Combatiendo a Isaac Newton

“¿Qué es lo que ocurre en el mundo real cuando intentamos superar la velocidad de la luz?” (Pablo G. Ostrov)

Relatividad, espacio y tiempo. Alguien le chimentó al narrador que ese día un jarrón de porcelana fue impulsado y arrojado de manera tan veloz, que la aceleración cortó el espacio de forma tal, que perdió visibilidad hasta estrellarse donde debía. Que recién y ante el aviso tan poco afable enviado por la Reina Madre del Reino Total al destinatario y con las muestras hechas astillas en los bordes mismos de sus zapatos, uno de los jerarcas del Reino del Tercer Piso y también, del Movimiento de Integración y Sub-Desarrollo, tomó debida nota del recado. Ese misil o especie de telegrama de porcelanato fue, efectiva y definitivamente dirigido a él. Si, el político del M.I.S-D. había sido despedido. El hombre, avezado político al fin y al cabo, decodificó el escaso nivel de sutileza del recado: el destino de la pieza de porcelana China del siglo XVII (el narrador nunca pudo certificar la veracidad del dato referido a la antigüedad de la pieza destrozada) bien pudo terminar su recorrido astillándose en su lustroso cráneo. Si hay algo que distingue y sobresale de la clase política argentina es, su arte de poder discernir el exacto momento de la huida, el escape a tiempo, para así beneficiarse a un futuro reciclaje, realizarse uno o varios microimplantes capilares -de ser necesario-, volver y ser millones. El narrador no cree conveniente y necesario realizar, aquí y ahora, una descripción feno y genotípica del prototipo tan político, tan común y tan argentino.

Tener carpeta o Double-tête

“Una para pensar, está bien. Una en otro extremo para evacuar, no está tan bien. Es incluso terrible molestia y que lo lleva a fracasar” Fragmento de Cabeza Doble, Henri Michaux

El primer indicio del incidente repercutió y sonó tan consistente en el Reino del Tercer Piso, que dejó a casi todo el personal bailando sobre lo que aparentaba ser la cubierta del Titanic. El Reino del Tercer Piso semejaba a la Bombonera en una tarde de Boca-River: no se movía, latía. Pero latía con la síncopa del infarto agudo. Más aún cuando se tuvo la evidencia y la certeza que el apoderado de la Fundación del Dr.Rey Muerto, -institución satélite y cuyos fines más adelante serán contados-, el Dr.Mendoza, se había negado a estampar su firma de todo el contenido de lo que en la oficina de Administración se llamaba La Carpeta. Pués así ocurrió: La Carpeta volvió sin una de las firmas, la del estrenado desocupado.

El logro de la denominación de La Carpeta resultó un hallazgo para un jefe del Sub-Reino del Tercer Piso. Un ‘me adjudico’ producto de la imaginación y creatividad propia de los mejores mandantes administrativos del Sub-Reino mencionado. Esto es, el breve o nulo periplo chispeante y carente de inventiva de los vulgares. De manera más sencilla y objetiva, La Carpeta era eso: una carpeta. Un continente de cartón color marrón con tiritas elásticas que cerraban la misma, formando un triángulo por dos de los vértices de ella. La carpeta era un continente, como quedó dicho. Un continente que, de lunes a viernes se iba colmando con contenido: papeles, burocracias varias, formularios administrativos y cheques. Los cheques correspondientes a diversos pagos que debían de hacerse a través de la Fundación del Dr.Rey Muerto.

El Dr.Mendoza, primera victima directa del affaire Porcelana China, pertenecía y llevaba a cabo sus funciones en el Reino del Tercer Piso. Quizás, el eyectado fuese también un habitante más de esa zona de límites ambiguos y poco claros desde lo geográfico, no obstante, muy bien delimitada y delineada desde lo ideológico. Una región casi virtual, pero con acentuada impronta de mesa chica, que al narrador se le antojó en llamar Zona de Rosca del Reino Total. Ese lugar donde los integrantes de peso de ambos Reinos, cocinaban todo: vida, obra y futuro dentro del Reino Total; de todo terrenal caído en desgracia a gusto del paladar de cierto gerente, secretario o mandante. También de aquellos que, y de puro gusto nomás, había que joderles la vida. Su vida laboral, obviamente. Y será importante intentar entender e imaginar lo que el narrador intenta describir en este último párrafo. Reparar sobre el escrito: Joderles la vida. Así es el poder, el poder sin límites éticos ¿Para qué hablar de los morales? El poder de los poderosos de verdad: feroz y pavoroso

Fundaciones y bibliotecas muy nobles

De la Fundación del Dr.Rey Muerto dependían en Filial Uno, la que se denominaba Biblioteca del Dr.Rey Muerto. Obviamente y de más está decirlo, todo su personal. Escasos, pero empleados al fin de cuentas. La Biblioteca del Dr.Rey Muerto desempeñaba y guardaba como objetivo prioritario y de visibilidad social, la consulta y el préstamo de libros para todos los dependientes del Reino Total y a los vecinos que se asociaban. Además realizaba importantes donaciones a escuelas del Gran Buenos Aires y del Interior del país, que eran beneficiadas a cambio de pintar y colgar de sus fachadas y luego del solemne acto de entrega, el cartelito de Escuela Nº Tal, Dr.Rey Muerto.

La Fundación del Dr.Rey Muerto había sido creada allá por el año 1966 y sus magnas autoridades, presidente y vice-presidente, eran y vaya casualidad, las mismas que las de las del Reino Total. Su apoderado y ha quedado dicho, era el Dr.Mendoza, quien a partir de aquel viernes debió de buscar nuevos rumbos por fuera de los límites del Reino Total.
Conviene aquí -estima el narrador- hacer una pequeña aclaración. Al Reino Total se ingresaba por dos sitios: por la calle Tacuarí y por la calle Piedras. Por Tacuarí ingresaban todos, comunes de a pie y jerarcas; por Piedras, la Reina Madre y las visitas que ella recibía. No es un dato menor: Piedras era el domicilio legal del Reino Total, el domicilio de la razón social; Tacuarí en cambio, el de la marca o nombre de fantasía.

Como quedó dicho, la Fundación del Dr.Rey Muerto, se encontraba ubicada geográficamente por fuera del edificio principal del Reino Total. Echaba raíces situada en una casona entre el edifico mayor del Reino Total y el depósito de bobinas de papel y las rotativas del diario. Un lugar alejado del barullo oficinesco, de la burocracia, de las novedades y chismes que a diario se producían en Diario Pasillo. Convengamos que ese estado de calma e independencia les concedían también, el no saber casi nada de lo que se hablaba en los Reinos. Sus escasos habitantes para anoticiarse de las buenas o malas nuevas debían, irremediablemente remontar Tacuarí y acudir al Reino del Tercer Piso. Ni por de teléfono interno se animaban a preguntar sobre lo que ocurría en el tercero.

Y la tarde del viernes en que el jarrón de porcelana China rompió con la teoría física de la ley de gravedad de manera tal, que ni el mismísimo Isaac Newton hubiese imaginado, la empleada de la Fundación del Dr.Rey Muerto acudió como todos los viernes al Reino del Tercer Piso en busca de lo suyo, esto es: a retirar La Carpeta con toda el papelerío administrativo para la semana entrante. Y la encargada administrativa del Reino del Tercer Piso, quien realizaba -además y también- tareas para la Fundación del Dr.Rey Muerto, fue quien la puso en autos de las novedades acaecidas, a la dependiente del pequeño paraíso que existía por fuera de los Reinos. Breve comentario: La encargada administrativa del Reino del Tercero se había agenciado para sí esa tarea y la ejercía dentro de su horario, ubicación física corriente y habitual. Un regalo en efectivo cash quincenal, caído del cielo y/o aprobado por algún generoso jefe del Reino del Tercer Piso que, bueno, se podría especular a cambio de cuáles y determinados placeres le era recompensado. Para ser más claro: era remunerada por sendos trabajos y por ambas nóminas. Una, por corresponder al Reino del Tercer Piso y otra, por administrar y ordenar los líos de la Fundación del Dr.Rey Muerto. Privilegios y beneficios que gozaban ciertos personajes.

Las piernas la poetisa L.

“Qué lindas son las piernas de Dolores. Pero, qué lindas son...”

La tarde viró en noche para la empleada la Fundación del Dr.Rey Muerto que intentaba obtener, entre otros papeles, su sueldo. Su sueldo y el de las otras tres empleadas que en el edén cumplían tareas. Esto es: El de ella, la administrativa asidua visitante del Reino del Tercero, una empleada administrativa auxiliar, la incalificable bibliotecaria y la poetisa L.
Y la noticia de la no firma de La Carpeta y los motivos esgrimidos por la encargada del Tercer Piso a la empleada administrativa de la Fundación del Dr.Rey Muerto fue, además de una mentira insostenible por más de unas horas, ocasionarle un gran y grave problema a la empleada la Fundación del Rey Muerto, pués además de los sueldos, estaban allí, los pagos a los asistentes y autores de ponencias de los que se daba en llamar Encuentros Literarios de la Fundación del Dr.Rey Muerto.

Los Encuentros Literarios eran monitoreados, dirigidos y orientados por la sabiduría de la poetisa L.
Cada año la poetisa, convocaba e invitaba aquellos que ella consideraba lo más selecto de la intelectualidad vernácula. Era aquella una tarea tan delicada, como gratificante. Tan sutil, de alto nivel intelectual, de gran capacidad y lucidez de selección. Caminaba por el imperceptible filo que desune el amor del odio. Aquello era codearse con la consecuente y probable enemistad de aquel que se sentía afectado por haber quedado fuera del Encuentro Literario de ese año. Y granjearse el odio de un intelectual, no resulta nunca, pero nunca, un buen plan. Era, en verdad, una situación muy poco seductora. No debía, ni podía dejar el mínimo resquicio, indicio, resquemor y cierto grado de resentimiento entre los no convocados para el encuentro de ese año. Tal vez y seguramente, el año próximo, debería de requerir de uno o varios de los excluidos de ese año.
Era tal la magnitud del entramando y armado de Los Encuentros Literarios que, a la poetisa L., le llevaba el año completo. El año que mediaba entre encuentro y encuentro, claro está. Lo hacía con tanto amor y esmero que el solo verla, conmovía. También y para ser objetivo y sincero, el verla impactaba con suavidad y por otros motivos.
Más allá de todo ello, el resultado de los Encuentros Literarios, siempre fue el mismo: un éxito. El logro que era difundido y dispuesto para su provecho, por algún héroe de las estadísticas del Reino del Tercero y por un chapucero y eventual secretario del Reino del Segundo, quienes concurrían el último día, el de exposición de las ponencias, se subían a la foto junto a los intelectuales y cuando llegaban a sus despachos, ordenaban publicarlo en el Suplemento Cultura & Nación del diario.

Cada encuentro se prolongaba por lo general, una semana y acontecía en un lujoso salón de un importante y espléndido hotel céntrico.
Allí se debatía, discutía, argumentaba, razonaba, demostraba y manifestaba durante toda una semana, todos los días, sobre un tema preestablecido. Al término del Encuentro Literario, cada uno de los concurrentes, exponía y elevaba una ponencia. Cada ponencia era defendida y argumentada de manera vehemente, analizada letra por letra y finalmente, aprobada.
Hubo ocasiones en que las disertaciones, se extendían por más de una jornada. Siempre ha sido dura de arriar la intelectualidad argentina.
Todas esas magníficas conclusiones, de lo mejor del pensamiento contemporáneo argentino, era editado en un libro que se distribuía entre los asistentes y participantes primero, para luego, ser enviados a todos los ámbitos culturales que suelen realizar este tipo de eventos.

Merecen unas líneas, las líneas -valga la redundancia-, las curvas, las redondeces y las voluptuosidades de la poetisa L.
Cuentan con alto grado de envidia algunas grouppies de Los Redondos que, Carlos el Indio Solari escribió el aún no grabado hit Las piernas de Dolores, deslumbrado por el aparato locomotor de Karina Rabollini, al que se le adjudica cierto íntimo pegoteo y acceso a una noche post ritual-misa-concierto-ricotero. En verdad, por el barrio de Balvanera se rumoreaba qué no, que ese bello, escueto e intenso blues, el indio Solari lo concibió montado a un rayo y en un día muy gris, saliendo de una tormenta áspera y gruesa, leyendo un libro de poemas de poetisa L.
También conoce el narrador la otra versión. Esa que cuenta que fue Tarea Fina el tema que compuso Carlos el Indio Solari, en ofrenda a ese par de gambas maravillosas.
Para el caso, lo mismo dá. No amerita ahora un debate al respecto.
No es poca cosa que el rocker más grande que el narrador conoció le dedique un tema a la poetisa, aunque la historia suene a cotorreo urbano.

2 Comments:

Blogger Tino Hargén Opina...

Muy bueno, solo resta esperar los próximos capítulos...un reino del cual MUY POCOS se animan a escribir...

12:05 p. m.  
Anonymous Anónimo Opina...

Your blog keeps getting better and better! Your older articles are not as good as newer ones you have a lot more creativity and originality now keep it up!

4:59 a. m.  

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