martes, diciembre 13, 2005

De garpe y exprimidos

El narrador no ignora que para ellos y para casi todos nosotros, la calle está dura. Que tienen que lidiar con el tránsito, los taxistas, esos tremendos enemigos e irreconciliables cohabitantes del asfalto, con los controles, las barreras, los semáforos y hasta con personas como el narrador.

Gente común, todas de a pie, laburantes -como ellos-, que echan raíces en cada poste o cada parada, esperando se produzca el milagro: ver en el horizonte el numerito de la línea 110 o 92, en el caso del narrador.

Esperas que se extienden más de lo habitual, muchísimo más de lo que indican los organigramas inentendibles, impresos y prolijamente pegados en la pared lateral que hace ángulo con el techo del bondi.

Y esperamos, algo a lo que estamos acostumbrados, después de todo. Y de golpe y después de más de veinte minutos -mínimos- de amansadora, de la nada se divisa en la lejanía de Scalabrini Ortiz o Coronel Díaz, según la hora, mellizos, trillizos, cuatrillizos y hasta ¡quintillizos! del 110 o 92.

E irrumpen, como si nada, lo más campantes y jubilosos. Jugueteando entre ellos, charlando ventanilla a ventanilla acodados sobre el ventiluz, violando semáforos y hasta y también, seguir de largo y no detenerse donde corresponde. Algo tan sencillo y obligatorio como eso: parar cómo quién se tropieza con algo o con alguien. O sea, no registrarnos, dejarnos de garpe y de a pie.

Pués bien. Cuando el narrador cuenta con la dicha, gracia y bendición de ascender al colectivo y acceder en medio del amasijo de gente a la maquinita expendedora de boletos, -acto obligatorio este, claro está- tiene invariablemente la deferencia de anteponer al monosilábico y aburrido “Ochenta” un cordial y con onda, muchísima onda, el suave y delicado “Buenos días”.

Y es inútil. El narrador jura qué lo es. Nunca hay respuesta. O sí. Por toda replica se obtiene un lacónico y ordinario mascullo “¿De cuánto?” y además de yapa, el vozarrón, los gritos histéricos y exprimidores de Ari Paluch como primera y envolvente melodía de bienvenida.

El narrador intenta reseñar, por si no se ha notado, sobre algunas conductas de los conductores de transporte público de pasajeros, los colectiveros.

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