viernes, diciembre 23, 2005

Dar fe

Todos los días que el narrador pasa por Scalabrini Ortiz al 1200, casi esquina Cabrera -para ser un tanto más preciso-, se esfuerza en identificar desde la ventanilla del colectivo 110 el número y nombre de la iglesia que allí está asentada.

Siempre e irremediablemente viaja y con muchísima suerte, parado. Colgado del pasamano como racimos, cantaría Andrés Ciro. Pero la suerte a veces ayuda. Y hoy conquistó un asiento. Esperó pasar por el lugar y confirmar mirando desde la ventanilla que avanzaba como fotogramas sobre el perfil de las fachadas, cuya calle expulsa el tráfico hacia la avenida Santa Fe. Finalmente alcanzó a distinguir su objetivo. Que le ha llevado meses. Pero hoy lo logró. A pesar que el colectivo pasó tan veloz como pasan los colectivos cuando sus conductores divisan la luz amarilla del semáforo más cercano a punto de pasar a roja, o sea, en el aire.

Contaba el narrador que, casi un año se le ha ido en intentos. Pero el día llegó. Intentó fijar su mirada de la manera más aguda. Y observó. Y le costó creer. Y se fastidio al concebir que fuera cierto. El narrador alcanzó a distinguir la numeración exacta y nombre de la iglesia. Scalabrini Ortiz 1261 es el número de la casa de Dios y San Jorge se llama la iglesia.

La iglesia se encuentra protegida y preparada como para soportar un ataque misilístico, más que para recibir a sus fieles. La tapiza una robusta reja pintada de color negro. No vaya a ser cosa que algún desarropado intente refugiarse alguna noche, en esas horas que no saben donde depositar su huesos los mendigos y linyeras que merodean la zona.

La iglesia de San Jorge, vista de frente y a la derecha -como casi todas, no podía ser de otra manera-, posee un garaje cubierto por un techo o una media sombra. En verdad, no recuerda el narrador ese detalle que, considera de escaso valor o relevancia. Pero si, merece señalarse que la sección de la reja que cubre el portón de la cochera y que es lindante a la vereda, está reforzada con malla metálica, también pintada de negro.

El garaje o estacionamiento (o cómo carajo se llame) alberga, guarece y atesora un impúdico BMW gris metalizado cuya chapa termina en 504. No le pidan el modelo del cochazo al narrador, pués de autos no entiende nada. Sólo puede puntualizar que luce moderno, impecable y lustroso.

Le han contado quienes conocen y frecuentan la iglesia que, el dueño del auto es el cura que administra la casa de Dios y Mario es su nombre. Se hace llamar “El padre Mario”. De imponente y robusta contextura física, se impone puntiagudo su abultado abdomen. De esos estómagos muy bien alimentados. Parece que tan mal no le va a éste gordito.

Catedral San Jorge Arzobispado de Buenos Aires y toda la Argentina Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa de Antioquia . Así se llama la catedral.
Dicen también, que van y asisten a los desangelados de la Villa 31; pero de algo está seguro: con ese coche no va el padre Mario. De eso el narrador puede dar fe.

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