domingo, noviembre 20, 2005

Índices

Los índices atropellan, el producto bruto crece, la desocupación desciende, aumentan las exportaciones y la tasa de actividad industrial explota. Histerias y mentiras de ciertos números y estadísticas. Empero, la regresividad distributiva, se desboca. El desempleo cae, pero acrecienta la pobreza y la indigencia. Razonamiento muy lineal y muy de lego: el trabajo generado, ofrecido y concedido por “la burguesía nacional” es (mal) pago -cuando lo es- y en niveles comparativos a índices africanos.
“Esto es lo que hicimos en dos años”, se defiende el presidente. Mostrando los índices, tan índices. Índices ¿de qué?
¿Y la inflación? ¿Y las remarcaciones? Esos índices, ¿no cuentan? ¿Para qué sirven los índices si no llegan al único lugar donde deberían de llegar; anatómica y fisiológicamente hablando: el estómago; alias la panza? Qué algún funcionario de saco y corbata lo explique con demo en Power Point, incluida. Dónde van los índices que no van a la panza. A dónde desvían esos índices.
¿En qué país viven los políticos, economistas, empresarios, sindicalistas? Si, lo sé. En el país de los índices.
Pués bien, ya he tratado por estos lares lo que nos muestra “Humanos en el camino”. La imagen del país que no contemplan los índices. El país televisivo mira extasiado al Diez, a Su, a Suar y a Marce. Pero y a Dios gracias, para aquellos que les importa “el otro”, Gastón nos deja ver las historias de la Argentina que no canjea deuda, pués parece que nadie la registró.
El pasado martes, Gastón Pauls volvió a poner delante de las narices de los-portadores-chamulladores-charlatanes-de-índices, el índice que nadie muestra, el del inhumano padecimiento de argentinos. Esta vez en la provincia de Santiago de Estero, República Argentina. Para Usted señora, escucha de Radio 10 y portante de DiscoPlus. A una veintena de cuadras de Santiago, se ubica el “barrio” de Don Bosco 2, un lugar donde la historia se cayó; según canta León Gieco. Las historias de María y su marido, quienes armaron y mantienen un comedor comunitario y que además, salen a repartir ropa y alimentos en un carro. Mayra, la niñita de 5 años, de pies desnudos y que, de verla nomás, se nos parte el alma y el corazón juntos. Rosalía, Marcial y Aída, cuenta sus dramas y “hacen” que viven como pueden. Mejor, sobreviven como pueden. Por que vivir así, es fingir vivir. Nadie merece vivir así.
Mujeres, hombres y niños que van de shopping, pero mire Usted señora, nuevamente; a un shopping sin las vaporosidades y el aroma a Kenzo y sin McDonald’s y sus cajitas felices.
Un sopping sin más cama solar que la mugre y sin otra crema-pantalla-protectora que el sudor curtido. Sus visitantes habituales son los chanchos, los bichos, los virus y la podredumbre de las bolsas de residuos que llegan de la “ciudad” y son descargadas y depositadas por camiones en el enorme basural. De allí, extraen su “alimento” los que van de shopping. Tan humanos y argentinos, que no existen para los índices.
¿Qué nos sucede frente al dolor de los demás? ¿Nos perturban las imágenes? Pregunta Gastón. Por ahora, la respuesta que nos dan los gobernantes y los poderosos de siempre, son sólo y únicamente, obscenos (*) índices.

(*) obsceno, na: (Del lat. obscenus). (adj) Impúdico, torpe, ofensivo al pudor

Link recomendado

http://www.defensor.gov.ar/informes/info14-sp.htm

II Informe sobre la Situación de los Derechos Humanos en la Provincia de Santiago del Estero

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